Cuándo giraré el que esconda una vida, una historia detrás...
Miedo...
Quizás eso no tenga nada que ver, y sean sólo simples casualidades... aunque no sé si lo sabéis pero las casualidades no existen, existen las causalidades.
Entre tanto cocinar también he superado miedos que creía tener y que me han llevado a sentir lo que es la libertad (y me encanta!!!) y he aprendido a ser yo la que dice "hasta aquí", a decir "adiós" cuando al vaso ya no le cogía más agua, por más que me haya dolido tomar la decisión, por más que haya intentado evitar tomarla. No hay día que no piense en ello pero... ¿sabéis esa sensación de tranquilidad que se siente cuando sabes que has hecho lo correcto? Pues eso es lo que siento.
Y todo eso mientras mi mente sigue en la carretera, dentro de un coche, a veces conduciendo, a veces de copiloto. Recordando viajes en coche, imaginando otros nuevos.
Un año antes, por estas fechas, ya había estado en Madrid, estaba recién llegada de Elche, casi preparando las maletas para Zaragoza y con Liverpool en mente... y ni siquiera sabía que unos meses más tarde iría a Pamplona. Un no parar.
En mente Valencia, un lugar que siempre me ha tratado muy bien y donde tengo grandes amigos. Un viaje que me apetece muchísimo, y es que ya van casi cuatro años sin bajar y creo que hay que ponerle remedio. Me apetecen los reencuentros, conocer a una personita, tomarme ese café pendiente y lo que surja...
Y yo, que en estos cinco años he cambiado, he vuelto a sentir, he crecido y he avanzado... actúo como si nada, como si no pasase nada porque es la verdad, no pasa nada... y eso es lo que siento cuando paso página... nada.
Y antes de las buenas noches aparecieron los cargos de conciencia con forma de "¿algún día me perdonarás?". Mi respuesta. clara y sencilla. "La verdad es que después de cinco años no se trata de perdonar o no, si no de pasar página, y yo lo he hecho, igual que he hecho con otras tantas cosas en estos años". Para él eso es un no a su pregunta, por lo que me asegura que seguirá intentando que lo perdone. Pues vale...
Una libertad que, siendo sincera, también da un poco de vértigo. Ahora me toca volver a situarme, volver a reorganizarme, y al mismo tiempo a ser consciente que los años han pasado, que yo ya no tengo la edad que tenía entonces ni mi vida es la misma que hace cuatro años y medio.
Hace ya dos meses de la última vez que abrí esta puerta, me senté en el sofá y me puse a escribir. Claro que ese día no subí las persianas, ni siquiera di la luz. Supongo que de ahí que lo que dejé salir sólo fuesen colores grises. Hoy, después de llegar, abrir la puerta y echar un vistazo, me he animado a subir las persianas, abrir las ventanas de par en par y dejar que entre el aire. Incluso he puesto música. Y aquí estoy, en el sofá de mi pequeño rincón, un sofá, que no sé por qué pero me gusta imaginar que es blanco, y de fondo sonando Blaumut, unas letras de esas que "fan estiu" (hacen verano) y que no sé por qué, pero me devuelven a Cadaqués... y me gusta esa sensación.
Hace dos semanas que cumplí los 33 y desde entonces todo se ha vuelto de un color verano que me encanta, azul cielo, color arena, azul mar... Y es que no sé por qué siempre desconfío del verano cuando viene demostrándome desde hace tiempo que es lo mejor del año. Esta vez me ha quitado mi paraíso pero me lo está compensando... días con amigos, playa, sol, luz, montaña, paciencia premiada en forma de cariño y hasta me ha traído mi primera vez en una tabla de surf de verdad. También ha venido acompañado de algo inesperado y que me apetece disfrutar pero para lo que tengo que respirar y saber guardar calma y sobre todo, no pensar más de la cuenta... Simplemente disfrutarlo, eso es lo único que tengo que hacer.
Y ahora, si me lo permitís, voy a bajar un poco la persiana, lo justo para que no entre tanto calor pero lo suficiente para que entre la luz y así, seguir con "Brújulas que buscan sonrisas perdidas", ahora que hay calma me apetece Albert Espinosa, que al igual que Blaumut, me da también sensación "d'estiu".
Y si sumo el estar cansada, sentir que llevo unos años sacrificando cosas que los demás nunca se han planteado, que necesito mi propio espacio, que necesito mi propia vida, que lo de dormir y descansar ya lo he dejado para otra vida, que la última vez que me dijeron "ay pero qué buena eres y qué suerte tienen contigo..." respondí "no, lo que yo soy es gilipollas", que por cada cien veces que digo "si" una digo "no" y resulto ser una egoísta, que no puedo plantearme el independizarme porque no tengo una mínima estabilidad que me lo permita... pues tenemos como resultado un poquito más de ansiedad en el estómago.
Estos dos años he avanzando todo lo que no había avanzado años atrás y es que ahora me permito (porque ahora sí creo merecerlo) soñar, disfrutar e incluso sentir. Pero sigo con una piedra bastante grande en el zapato y a veces cuesta mucho caminar. Es por eso que, aunque masque chicle mientras miro al horizonte para no marearme, necesito salir a coger aire de tanto en tanto, necesito quitarme los zapatos yo también.
Sólo sé que quizás en la vida, al contrario de lo que pensábamos cuando no levantábamos más de tres palmos del suelo, los puzzles más difíciles son los que menos piezas tienen. Y es que es difícil encontrar esas piezas únicas con las que encajar, piezas que te dejen ser tú, que te permitan ser libre, que no te juzguen y que no te intenten cambiar. Piezas que simplemente se coloquen a tu lado, o tú al lado de ellas y se queden ahí para siempre.
Está claro... nosotros cambiamos y con ello también lo hacen todas nuestras relaciones, aunque yo prefiero decir que evolucionan, pero no todos sabemos acostumbrarnos, verlo o aceptarlo. Las evoluciones producen cambios y es imposible que podamos seguir anclados en lo que era la relación en el pasado y duele mucho cuando llega el día en el que te das cuenta de cuánto han cambiado las cosas, ese día en el que eres consciente que ya no sientes lo mismo, que ya nos somos las mismas personas, que quizás sólo nos cruzamos en el camino para un tiempo y no para toda una vida. Ese día duele.
Sé que es difícil de entender, que muchos pensarán que eso no está bien, que habrá gente que se sienta "abandonada" y se enfade y que me lo recrimine cada vez que hablemos, que puedo dar la sensación que me importa muy poco la gente de mi alrededor pero no es así, no desaparezco. No lo hago a malas y muchas veces sale solo. Simplemente me hago a un lado para poder seguir adelante, para poder funcionar, para avanzar.
- Puedo ponerme morena.