lunes, 9 de diciembre de 2013

EL LUNES EMPIEZO...

¿Quién no se ha dicho eso alguna vez en su vida? Dietas, deporte, dejar de fumar... 

Qué será que necesitamos que sea lunes para empezar a hacer o dejar de hacer algo. ¿Qué pasa? ¿El resto de días no son efectivos? Tampoco es que los lunes sean efectivos al 100% porqué igual que hacemos el propósito lo deshacemos decidiendo vivir en un eterno domingo.

Si yo os contase la de cosas con las que he dicho "el lunes empiezo" no acabaría nunca. Cada semana tengo una dieta nueva que empezar "el lunes", me borré del gimnasio (las dos veces que me he apuntado) porque el lunes en el que iba empezar a ir en serio nunca llegaba y así un sinfín de cosas... Pero esta vez es diferente. Me lo he propuesto, tengo un plan de ataque y alguien que me va a ayudar a ello, si consigo ser constante durante al menos quince días y veo progreso sé que no lo dejaré.

En mi vida, el deporte nunca ha sido algo prioritario y aunque lo considero importante nunca me he arrancado. Sí que de pequeña y adolescente jugué unos años a baloncesto e hice natación, un año aprendí a jugar a tenis en un casal de verano, otro verano hice gimnasia rítmica (sí sí, lo que leéis, era pa verme!), hice aerobic varios años y era de las que prefería jugar un partidillo de fútbol con los niños de mi clase que quedarme cotilleando con las niñas... Eso sí, tengo claro que no soy carne de gimnasio (véase el resultado unas líneas más arriba), me aburre y si tengo que ir sola más, lo he intentado varias veces, pero nada, al final el único deporte que practicaba era el de pagar y no ir. 

Pero conforme pasa el tiempo soy más consciente que tengo que hacer algo con mi cuerpo, que llevo una vida demasiado sedentaria y que a la larga me pasará factura (si no lo está haciendo ya), no sé, al menos quiero poder subir escaleras sin echar los higadillos cuando llego arriba!!


Nunca se me ha dado bien correr, mi resistencia es nula, andar ando los kms que hagan falta pero correr... eso es otra historia, pero voy a unirme a Maf en su planning de correr en la dirección adecuada. Me apetece probarme, ponerme el reto de "unos minutos más" cada día y sé que si consigo progresar habré ganado mucho más que resistencia. Ganaré confianza, me daré cuenta que no soy un "cuerpo-escombro" y hasta me gustaré. Y sé que eso tendrá consecuencias en otras cosas.

No pretendo llegar a correr la Marathon des Sables ni la media maratón de Barcelona, pero sí me apetece empezar a conocer dónde está mi propio límite, hasta dónde puedo llegar, sentirme bien... 

Necesito abrir los pulmones y ya no puedo dejarlo para otro lunes...



I don't know where the limit is, 
but I know where it is not
- Josef Ajram -


lunes, 2 de diciembre de 2013

YA NO HAY NADA QUE DECIR...

... es decir que ya no hay nada.

Resulta curioso como gente que en su día formó parte de tu vida, pretende volver a ella como si no hubiese pasado el tiempo, y aún resulta más curioso cuando se trata de alguien por el que incluso te planteaste dejar tu ciudad, tu familia y tus amigos, y a cambio él te dejó de una de las peores maneras posibles, engañándote y por partida doble. 
Sí, resulta curioso.

Y yo, que en estos cinco años he cambiado, he vuelto a sentir, he crecido y he avanzado... actúo como si nada, como si no pasase nada porque es la verdad, no pasa nada... y eso es lo que siento cuando paso página... nada. 

Reconozco que la primera vez que lo intentó hace unos meses fui seca, me pilló por sorpresa y necesité mi escudo. Esta vez llegó sin saludo previo, con una de esas preguntas tontas que tienen como único propósito iniciar una conversación. Contesto, hablamos, me pregunta cómo estoy, cómo me va todo y respondo la verdad, que estoy muy bien. Por educación hago lo mismo, aunque, siendo sincera me interesa más bien poco lo que me pueda contar. Me comenta que se había acordado de mi unos días antes por algo que le recordó a sus vacaciones en Barcelona conmigo, salen algunos recuerdos de aquellos días, río, ya no duele, es un simple recuerdo, uno más de todos los que forman parte de páginas pasadas y capítulos acabados de mi vida. Él se siente cómodo y va cogiendo confianza. A mi mente vienen posibles frases que podrían ser puñaladas pero sería demostrar despecho y darle mucha importancia a algo que no duró tanto como para merecérsela.

Y antes de las buenas noches aparecieron los cargos de conciencia con forma de "¿algún día me perdonarás?". Mi respuesta. clara y sencilla. "La verdad es que después de cinco años no se trata de perdonar o no, si no de pasar página, y yo lo he hecho, igual que he hecho con otras tantas cosas en estos años". Para él eso es un no a su pregunta, por lo que me asegura que seguirá intentando que lo perdone. Pues vale...

Su despedida, un "sabes que si necesitas algo sólo tienes que avisar... fuimos un buen equipo". La mía, un "sí, y breve también"

Seguramente le sorprendería saber que decidir perdonarle o no nunca me quitó el sueño, en cambio sí lo hizo el querer levantarme y seguir adelante.