Cómo la lías Alfredo!
Ya no sé las veces que he empezado a escribir y he acabado
borrando lo escrito. Y es que es imposible encontrar las palabras adecuadas
para despedir al que es el hombre de mi vida. Perdón por el desorden pero hoy
cuesta mucho ordenar las palabras.
Lo único que me sale sin dudar es lo orgullosa que me siento
de ser tu hija, de todo lo que me has enseñado desde que nací y de todos los
valores que me habéis inculcado desde el primer día. La mama dice que soy igualita
a ti y no le vamos a quitar la razón.
Estos días tengo la cabeza llena de recuerdos… ese colacao
calentito que me dabas cuando te pedía leche desde la cama justo cuando te ibas
a trabajar. Ese sugus escondido y que descubríamos cuando nos dabas la mano al
salir del cole. El día que llegaste con el escritorio que me habías hecho, la
de horas que pasé allí dibujando. La de domingos que abrimos el parque de los
patos con Quimet, Anna y Ferran.
La de historias que nos has contado de cuando eras pequeño
en el pueblo y en el cortijo, las trastadas cuando eras monaguillo y la de
veces que se llenaba el cine sin que hubieses vendido apenas entradas. ¿Qué
habrá sido del niño al que le pegaste el chicle en el pelo? Sí, sí, ríete… que
no tenías una idea buena! Las noches de pesca en las rocas y en la playa. Las
vacaciones en León. Las siestas debajo del pino de Cambrils. Los huevos que nos
comíamos crudos. Es que son tantos! Sé que pronto volveremos a sonreír al
recordarlos.
Echaré de menos nuestros cafés en la Rambla, recorrernos el
Ikea mientras aprietas algún que otro tornillo. Te prometo que pronto tendré
lámparas e iré acabando las cosas que quedan por hacer en mi casa! Lo que no sé
es qué voy a hacer con tanto cáncamo!
No te preocupes por nada, vale? La mama y yo estaremos bien,
pero no te voy a engañar, no va a ser nada fácil vivir sin ti. Es que ya te
vale! Saber que ya no voy a poder llamarte, no verte los domingos en el sofá
pidiéndome palomitas mientras vemos a Nico recorriendo África en moto. Voy a
echar de menos contarte por donde hemos salido de ruta y todas las cosas que he
visto desde la moto. ¿Sabes? Me hace tan feliz y me da tanta paz. Te las
seguiré contando, tenlo por seguro.
Sabes que a mi lado tengo a los mejores amigos que podía
tener y que no me van a dejar sola y sé que ellos también te van a echar de
menos. No hace falta que me lo digan, lo he visto en sus ojos. No te haces una
idea de lo que me alegra que te hayan podido conocer. Estoy tan orgullosa de ti.
Y de ellos, de ellos también. Qué suertuda soy.
Por cierto, al peque que está en camino le explicaremos
quien era su tío, de una u otra forma os conoceréis. Que lo sepas.
Ah! Otra cosa… lo tenías todo pensado, ¿verdad? Si es así,
gracias. De corazón. Tú ya me entiendes.
En fin papa, que te quiero y que nunca en la vida nos vamos
a olvidar de ti. Eso es imposible.
Da muchos besos y abrazos por ahí arriba y que disfrutéis
mucho esa cerveza. Os la merecéis.
Y nada, lo dicho… que habrá que irse a dormir que esta gente
querrá irse.
Te quiero
Mónica
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