domingo, 14 de junio de 2020

UN BESO EN LA FRENTE

Ya no sé las veces que he empezado a escribir y he borrado para volver a empezar. Ojalá pudiéramos hacer lo mismo con los días, reescribirlos tantas veces como fuese posible hasta que nos quedasen a nuestro gusto, aunque la verdad, seguro que siempre querríamos cambiar algo.

Hoy mis ojos se han abierto bastante antes de las siete, me he tomado el café en el balcón escuchando el silencio de un domingo que aún dormía, el "bon dia" sin el que ya no sé empezar el día me ha sacado la primera sonrisa... y eso, eso es bonito. Me he dado una ducha y liada en la toalla y con la ventana de par en par me he sentado en la cama aún deshecha. Ya ves, son pequeños momentos que me gusta disfrutar. ¿Habría reescrito esta forma de empezar el domingo? Sólo lo habría reescrito para poderlo compartir con quien me sacó la primera sonrisa del día.

Y ahora estoy aquí, sentada en el sofá, con las piernas encima de la mesa y con el portátil encima de ellas, un colacao fresquito, el aire moviendo las cortinas, el móvil completamente silenciado e intentando darle sentido a estos últimos meses. 

Ha sido difícil no sentirse sola, muy sola. Encerrada en casa sin nadie más que yo misma haciéndome compañía, había momentos que el silencio era ensordecedor. Tomé decisiones que muchos no entendieron, que criticaron y juzgaron y con las que incluso intentaron hacerme sentir mal, pero fueron las que necesitaba tomar en ese momento y eran mías y de nadie más. Necesitaba estar bien. El trabajo, el mismo que me ha hecho sentir una frustración enorme estos meses, me ha mantenido tan ocupada que no me daba casi tiempo a pensar en nada más. Mi familia ha confirmado que animar no es lo suyo así que después de convencer a todo el mundo de lo bien que estaba haciendo bromas y riéndome, me hartaba a llorar cuando colgaba el teléfono, por lo que había momentos que incluso deseaba que no sonase. Saber que todos estaban bien era lo único que necesitaba.

En la foto casi diaria sacaba mi mejor cara para hacerle sonreír (ojalá haberlo conseguido) y que todo lo que nos estábamos echando de menos nos hiciese más fuertes, si él supiera lo cerca que le he sentido, si él supiera que aquel día a mi también se me saltaron las lágrimas después de verle, si él supiera que empecé a dormir en su lado de la cama porque era la manera de sentirme menos sola y más tranquila, si él supiera que aún estoy más segura de lo que siento, si él supiera tantas cosas... 

Dicen que hay gente que llega a tu vida para quedarse para siempre, otra para largas temporadas y otras para poco tiempo, pero que todos llegan a tu vida por algo. Esta maldita pandemia me ha abierto los ojos, me ha distanciado de gente y me ha ayudado a reafirmar decisiones que tomé hace tiempo. No sé si me ha servido para hacer limpio pero sí me ha servido para valorar a las que realmente están a mi lado. También me ha acercado a otras, algunas con las que no hablaba desde hacía años y ha sido bonito ver que seguimos ahí. Algunas personas me han sorprendido, unos para bien y otros no tanto, pero todos hemos tenido que enfrentarnos a esta situación, cada uno con sus circunstancias y sus miedos, así que mejor no sacar conclusiones. Todos hemos luchado nuestra propia guerra.

No sé que traerá la nueva normalidad, pero de momento todo es raro, todas las expectativas se han quedado en nada, han tenido que cambiar o parecen haberse aplazado. 

¿Reescribiría todos estos meses? 
Sólo por todo el dolor que ha causado a tantísima gente, está claro que sí. 

¿Reescribiría mis días de confinamiento? 
Seguramente podría haber hecho muchas cosas mejor pero, aunque con algunas batallas más por dentro, sólo cambiaría lo mismo que hubiese cambiado esta mañana al despertar.

No sé si de esta saldremos mejores pero ojalá seamos capaces de atrevernos a vivir más.



Por todo lo que recibí
Estar aquí vale la pena
Gracias a ti seguí
Remando contra la marea


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